Hoy voy a hablar de enfrentar la realidad. Como una llamada de atención a la necesidad de evaluar nuestra vida, pero especialmente nuestra relación con Dios.

Creo que un gran número de creyentes están evitando reconocer la realidad de que no están experimentando el profundo, verdadero y completo sentido de satisfacción que pensamos que una relación con Cristo nos podría o debería traer.



Creo que existen un gran número de hombres y mujeres que han sido seguidores de Jesús durante muchos años, pero que aún viven con anhelos insatisfechos y una sensación de inconformismo. Tal vez sienten o han vuelto a sentir un vacío.

El punto a donde quiero llegar es que les falta mucho de lo que es importante; es decir, que ha llegado la hora de enfrentar la realidad de que no se está disfrutando de la comunión con el Señor que has escuchado que se puede tener y que otros han presentado como testimonio.



Tal vez es por una lucha con el pecado, tal vez es la no comprensión y la falta de revelación de tu asignación en esta tierra; o porque hay luchas emocionales que pueden colocar en duda la visión y comprensión de la verdad bíblica.

En pocas palabras, para muchos cristianos sus vidas son insatisfactorias porque no perciben el mundo como el lugar donde les gustaría vivir, y que lo que hacen no está acorde con aquello para lo que fueron creados; produciéndoles inseguridad e insatisfacción.



Te invito a enfrentar esa realidad, que hoy mismo reconozcas que tu relación con el Señor no es satisfactoria, así comenzarás colocando la verdad por delante, abandonando la carga de fingir, y de vivir con la mente y el corazón en conflicto.

Te aseguro que cuando reconoces y aceptas que no estas satisfecho, estás dando el primer paso para experimentar el cambio; porque enfrentar la realidad crea un espacio para la esperanza y es un activador de la fe.

El apóstol Pablo le escribió a su discípulo Timoteo en su 2da carta, capitulo 1 verso 5, diciéndole que “trae a la memoria la fe no fingida que tenía, la cual había heredado de su madre y de su abuela”. Ese es el estado correcto, vivir una fe no fingida, que nace de un corazón que genuinamente se entrega al Señor, que reconoce que no se puede crecer en solitario, y que está dispuesto a dejar que el Espíritu Santo llene su mente para recibir el gozo y la revelación de su asignación.



Renuncia a la insatisfacción espiritual y aventúrate a tener una relación estrecha, profunda e íntima con el Señor. Que tu fe sea genuina, que puedas dar testimonio con la tranquilidad de saber que vas por el camino correcto. Experimentando de verdad la libertad que hay en Cristo Jesús.



Oremos “Amado Padre Celestial, hoy reconozco que no siento que mi relación contigo sea satisfactoria, que con frecuencia siento vacíos, profundas tristezas y que no encuentro gozo en lo que hago cotidianamente. Te pido me reveles tus planes, mi asignación y que coloques en mi ser tu poder y gracia para manifestarlo en toda mi vida, lo pido con toda sinceridad en el precioso nombre de Jesús, Amen”
Versículo “trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también”. 2 Timoteo 1:5
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